lunes, 30 de septiembre de 2013

Morir o matar...

Otro final... :)

Vieron el amanecer abrazados, lo contemplaron en silencio, aún con algo de agotamiento, ella se quedó dormida en sus brazos, él contemplándola pensó en Alicia, quiso hacer la comparación que hacía en aquella época en la que empezaba al amistad, pero no pudo, su mente no se lo permitió, pues sabía que entre ellas no había comparación alguna, Carolina, sin planearlo, provoco en él algo que no había sentido hasta ese momento con ninguna otra mujer. Durmieron hasta medio día, después de unos minutos de besos y abrazos de “buenos días”, Carolina se dispuso a entrar a la ducha, mientras Martín revisaba su teléfono, tenía varias llamadas perdidas y algunos mensajes, como podría suponerse; de Alicia, en donde se disculpaba con él por su ausencia, pero donde no daba ninguna explicación de la razón por la cual no se presentó, solo le pedía que se vieran esa tarde, y ahí le podría platicar con calma y detalle el por qué.
Él se quedó unas horas más con Carolina, platicaron, comieron, y se despidieron, sin saber exactamente que decir al final, si un adiós, un hasta luego, o un yo te llamo, las palabras sobraron en ese minuto en que al mirarse la reacción fue abrazarse inmediatamente, ella lo vio alejarse poco a poco. 

Martín salió y fue directo a su casa, necesitaba darse un baño y cambiarse de ropa, pero antes, para engañar al cansancio, decidió dormir 15 minutos, los cuales se convirtieron en una hora, de un sobresalto salió de la cama. Se encamino con paso rápido a la cita con Alicia, quien ya lo esperaba en el lugar acordado, trató de que la emoción de la noche anterior regresara a él, pero no lo logro, por una extraña razón, ya no sentía nervios, ya no le atormentaba el qué le diría o el cómo sería el encuentro. Llegó con una tranquilidad que cualquiera pensaría que era un encuentro más en sus vidas. Se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla, seguido por un abrazo fraternal, Alicia sin más preámbulo, le explico la razón por la que no llegó esa noche al bar, él la escucho atento, prestando atención a cada detalle. 

-Ya te extrañaba- Finalizo Alicia.
-Yo también te extrañaba- Respondió él.

Martín quiso contarle lo que había sucedido esa noche, pero ella se acercó a él para impedirle con un beso, que saliera de su boca cualquier palabra que pudiera arruinar el momento. Un beso, ese beso tan deseado por ambos después de esa despedida por los planes fallidos. Salieron del lugar y se fueron al parque más cercano, sentados en una banca, platicaron por horas, recobraron el plan de viajar, hicieron una lista de los países que visitarían, no pusieron tiempo límite, ni fechas, pero entre tantos planes, Alicia le hace ver a Martín el miedo que siente de empezar algo nuevo con él, su principal miedo era perder su amistad, ya sabía lo que era vivir sin él y no estaba preparada para afrontar esa pérdida nuevamente, a eso él le propuso un pacto; que simplemente dejaran que el amor complementara la amistad, sin permitir que la desplace, y así como todo pacto debe sellarse, lo hicieron con un beso largo y sin final. 

Ahora, Martín se encontraba confundido, en su mente, estaba haciendo una comparación, comparaba a Alicia con Carolina, trató de no pensar en eso, pues realmente a Carolina la ha visto una sola vez en su vida, no podía inquietarse por eso, ahora tenía todo lo que había querido desde hace diez años, sería una estupidez dejar todo eso, por la pasión de una noche, o es que; ¿valdría la pena hacer un cambio? ¿Cómo saberlo? 
Tenía la oportunidad de decidir, ya no se trataba de cumplir una obligación, si no, de hacerle caso a sus sentidos, a sus deseos. No quiso apresurarse, dejó pasar el tiempo, total, si Carolina no lo buscaba en esos días, no tendría motivos para dejar algo que anheló durante tantos años.

Pasaron los días, y no obtuvo noticias de Carolina, parecía como si nunca la hubiera conocido, como si no existiera, pero entre más pasaba el tiempo, más pensaba en ella. Al cabo de un mes sin noticias de ella, y de no dejar de pensarla y desearla, decidió buscarla, no sin antes hablar con Alicia, platicarle todo lo sucedido y pedirle una disculpa por una vez más dejarla por otra mujer, trató de hacerle entender y explicarle sus razones, decía que si alguien más era capaz de provocarle tal estado, no veía el por qué estar con alguien que no causaba ya emoción en él. Alicia dándole un ultimátum y un momento para reflexionar su decisión, le dijo que la amistad se terminaría ahí, junto con los sueños de ambos, los planes que por segunda vez se frenaban y nunca más se volverían a mencionar, que para ella estaría muerto y nunca más volverían a saber uno del otro.
Martin no perdió el tiempo y fue en busca de Carolina, recordaba exactamente el camino a su casa, la forma y hasta el color de la misma. Llamo a la puerta y no salió nadie, esperó ahí por más de tres horas en vano. Antes de emprender el camino de regreso, se acercó a la casa vecina y pregunto por Carolina, la respuesta fue como un balde de agua fría sobre su cuerpo, ella había fallecido, la vecina se apresuró a decirle que cuando encontraron el cuerpo no encontraron nada, ni siquiera una agenda donde localizar y avisarle a familiares o amigos, sin decir gracias ni adiós, se fue del lugar sin pedir más explicaciones, y sin aceptar esa noticia como válida.
Se encerró en su habitación y aún atónito por la noticia, trató de recordar esa noche de hace un mes, guardar en su mente la textura de su piel que sintió en cada caricia, el olor que percibió, la mirada tierna e insinuante. No podía aceptar la realidad, cómo alguien puede llegar a tu vida e irse así, sin decir adiós, siempre escuchó que las personas entran en nuestra vida por una razón y se van por otra razón, siempre supo que es realmente uno quien elige quien se queda y quien se va, pero esta vez, el destino le jugo una broma pesada al darle la vuelta a su elección.
Trato de recobrar el hilo de su vida, seguir sus días, sin aceptar la realidad. Al pasar de los días, cada noche recorría la calle de Carolina, se quedaba frente a su casa con la esperanza de verla asomarse por la venta, o de perdida verla salir a tirar la basura, verla, eso era lo único que pedía, verla solo una vez más.
Poco a poco dejo de dar ese paseo nocturno. Cinco meses después, cuando creía que por fin el sufrimiento había pasado, habiendo aceptado ya la más grande pérdida que había sentido en su vida, decidió dar un último paseo por esa calle, cerrar el ciclo y continuar, se paró por un momento frente a la casa, como solía hacerlo con esa esperanza de hace meses, notó que ya estaba diferente la fachada, era lógico, en ese tiempo lo más seguro es que alguien más habitara la casa, vertió alguna lágrimas y antes de dar el primer paso que lo alejara de ese lugar, vio salir a alguien, su silueta le era conocida, no podía creer lo que veía, por qué estaba ella ahí. Sin pensarlo se acercó y se plantó frente a ella, pidiendo una explicación sobre su presencia en esa casa, viéndolo a los ojos Alicia le dijo: 
-Si no eres para mí, no lo serás para nadie más.- Se subió a su auto y se fue.


F I N

martes, 24 de septiembre de 2013

Decisiones...

Vieron el amanecer abrazados, lo contemplaron en silencio, aún con algo de agotamiento, ella se quedó dormida en sus brazos, él contemplándola pensó en Alicia, quiso hacer la comparación que hacía en aquella época en la que empezaba al amistad, pero no pudo, su mente no se lo permitió, pues sabía que entre ellas no había comparación alguna, Carolina, sin planearlo, provoco en él algo que no había sentido hasta ese momento con ninguna otra mujer. Durmieron hasta medio día, después de unos minutos de besos y abrazos de “buenos días”, Carolina se dispuso a entrar a la ducha, mientras Martín revisaba su teléfono, tenía varias llamadas perdidas y algunos mensajes, como podría suponerse; de Alicia, en donde se disculpaba con él por su ausencia, pero donde no daba ninguna explicación de la razón por la cual no se presentó, solo le pedía que se vieran esa tarde, y ahí le podría platicar con calma y detalle el por qué.

Él se quedó unas horas más con Carolina, platicaron, comieron, y se despidieron, sin saber exactamente que decir al final, si un adiós, un hasta luego, o un yo te llamo, las palabras sobraron en ese minuto en que al mirarse la reacción fue abrazarse inmediatamente, ella lo vio alejarse poco a poco. 

Salió y fue directo a su casa, necesitaba darse un baño y cambiarse de ropa, pero antes, para engañar al cansancio, decidió dormir 15 minutos, los cuales se convirtieron en una hora, de un sobre salto salió de la cama. Se encamino con paso rápido, a la cita con Alicia, quien ya lo esperaba en el lugar acordado, trato de que la emoción de la noche anterior regresara a él, pero no lo logro, por una extraña razón, ya no sentía nervios, ya no le atormentaba el qué le diría o el cómo sería el encuentro. Llegó con una tranquilidad que cualquiera pensaría que era un encuentro más en sus vidas. Se acercó a ella y le dio un beso en la mejilla, seguido por un abrazo fraternal, Alicia sin más preámbulo, le explico la razón por la que no llego esa noche al bar, él la escucho atento, prestando atención a cada detalle. 

-Ya te extrañaba- Finalizo Alicia.
-Yo también te extrañaba- Respondió él.

Martín quiso contarle lo que había sucedido esa noche, pero ella se acercó a él para impedirle con un beso, que saliera de su boca cualquier palabra que pudiera arruinar el momento. Un beso, ese beso tan deseado por ambos después de esa despedida por los planes fallidos. Salieron del lugar y se fueron al parque más cercano, sentados en una banca, platicaron por horas, recobraron el plan de viajar, hicieron una lista de los países que visitarían, no pusieron tiempo límite, ni fechas, pero entre tantos planes, Alicia le hace ver a Martín el miedo que siente de empezar algo nuevo con él, su principal miedo era perder su amistad, ya sabía lo que era vivir sin él y no estaba preparada para afrontar esa pérdida nuevamente, a eso él le propuso un pacto; que simplemente dejaran que el amor complementara la amistad, sin permitir que la desplace, y así como todo pacto debe sellarse, lo hicieron con un beso largo y sin final. 

Ahora, Martin se encontraba en una encrucijada, en su mente, estaba haciendo una comparación, comparaba a Alicia con Carolina, trató de no pensar en eso, pues realmente a Carolina la ha visto una sola vez en su vida, no podía inquietarse por eso, ahora tenía todo lo que había querido desde hace diez años, sería una estupidez dejar todo eso, por la pasión de una noche, o es que; ¿valdría la pena hacer un cambio? ¿Cómo saberlo? 

Tenía la oportunidad de decidir, ya no se trataba de cumplir una obligación, si no, de hacerle caso a sus sentidos, a sus deseos. No quiso apresurarse, dejó pasar el tiempo, total, si Carolina no lo buscaba en esos días, no tendría motivos para dejar algo que anheló durante tantos años.

Pasaron los días, y no obtuvo noticias de Carolina, parecía como si nunca la hubiera conocido, como si no existiera, pero entre más pasaba el tiempo, mas pensaba en ella. Al cabo de dos semanas sin noticias de ella, y de no dejar de pensarla y desearla, decidió buscarla, no sin antes hablar con Alicia, platicarle todo lo sucedido y pedirle una disculpa por una vez más dejarla por otra mujer, trató de hacerle entender y explicarle sus razones, decía que si alguien más era capaz de provocarle tal estado, no veía el por qué estar con alguien que no causaba ya emoción en él. 
La amistad se terminaba ahí, junto con los sueños de ambos, los planes que por segunda vez se frenaban y nunca más se volverían a mencionar.

Martín no perdió el tiempo y fue en busca de Carolina, recordaba exactamente el camino a su casa, la forma y hasta el color de la misma. Llamo a la puerta y no salió nadie, espero ahí por más de tres horas en vano. Antes de emprender el camino de regreso, se acercó a la casa vecina y pregunto por Carolina, la respuesta fue como un balde de agua fría sobre su cuerpo, pues le dijeron que hace varios años que nadie vive en esa casa, sin más preguntas y sin querer saber detalle se fue.

Se encerró en su habitación y aun atónito por la noticia, trató de recordar esa noche de hace dos semanas, estaba en el bar, y a un lado estaba ella, cómo podía ser posible eso, lo más seguro es que se equivocara de casa, realmente iba con un grado alto de alcohol y pudo haber confundido las calles, si no podía ser otra cosa.

Trato de dormir y recordar con más detalle ese camino, en sus sueños, era el mismo que había recorrido esa tarde. 

Sonó un timbre. No era su celular, ni su despertador, era el de su celda, se abrió para dar entrada a dos enfermeros, con la noticia de que tenía visitas, en la sala estaban su esposa y su hijo.

Queriendo recobrar la realidad, pregunto por Alicia, por Carolina, nadie supo cómo decirle, que desde hace dos años, está internado en esa clínica, que Carolina no existe, que Alicia desapareció de su vida cuando le dijo que se quedaría con su esposa porque estaba embarazada y que desde entonces, empezó a vivir en una realidad alterna, en donde cada fin de semana tenía una nueva aventura y un nuevo rechazo a Alicia…

-Fin

sábado, 21 de septiembre de 2013

¿?..

¿Qué fue lo que te llevaste de mi?
Que aun es fecha que no logro sobrellevar mis días sin ti...

¿Qué fue eso que dejaste?
Para que en cada segundo asocie cada detalle a ti...

Pero la pregunta más importante sería;
¿Cuál fue esa promesa que dejaste sin cumplir?
Para que mi corazón tenga la esperanza viva de que volverás...


jueves, 19 de septiembre de 2013

Carolina y su soledad...

(Esta es la tercera parte del cuento... Espero les guste)

Carolina comienza su breve historia:
-Créeme, mi vida no es tan interesante y no tengo una historia fascinante como la tuya con un amor que por fin puede concluir en un vivieron felices por siempre. Podría resumirse en que baso mis días en lo que imagino, en lo que creo en mi mente fuera de la realidad para poder soportar un día más en esta vida. He pasado desapercibida todo este tiempo, en todo sitio donde me encuentre, en cada persona que pasa por mi vida, es como si no existiera en este mundo, paso sin dejar huella, bien podría estar en un cuarto lleno de gente y nadie sabría que estuve ahí. Cómo llegue a este punto, realmente no lo sé, me pongo a pensar y a reconstruir en mi mente lo que he hecho en todos estos años, y solo encuentro a una persona introvertida, tímida, que batalla para socializar, que cuando le entrega su confianza a alguien, siempre terminan por aprovecharse, que aunque las desilusiones lleguen una tras otra, no ha perdido la esperanza de encontrar aunque sea a una sola persona que valga la pena. Ya sé, ya sé, estás pensando que exagero, pero no, realmente no lo hago, en todos estos años, mis únicas relaciones amorosas han sido dos, las cuales duraron poco tiempo, con decirte que ninguna llego al año, imagínate. Pero bueno, realmente no hay mucho qué hablar de mí. 

Llegó un momento de silencio, después de esas palabras dichas uno al otro, se quedaron mirando fijamente, como tratando de leerse la mente para saber si eran verdad o mentira las anécdotas.

Con un pequeño dialogo rompieron el silencio:
-Ya son las tres de la mañana; ¿aún sigues creyendo que vendrá Alicia?
-Es obvio que no, hace tres horas que deje de creerlo.
-Está por cerrar el bar, creo que ya es hora de irnos.
-Si vámonos, te acompaño hasta tu casa, es peligroso que andes sola a esta hora.

Así, emprendieron el camino, entre tropiezos por el alcohol alojado de más en su organismo. Llegaron a la casa, y en el momento de la despedida, ella lo invita a pasar, a tomar un último trago y brindar, sin tanto ruido, por el encuentro que para sorpresa de ambos, había cambiado la noche que tenían esperada. Sin muchos aspavientos, ni avisos previos, él se acercó y tomándola por la cintura, comenzó a besarla, beso obviamente correspondido por ella, sin pensar y solo dejándose llevar por el momento, una de sus manos acaricia suavemente el cuello y con la otra la engancha a él, recorre su espalda como queriendo proponer un juego, acercándose un poco más de lo debido, besando su cuello y los labios nuevamente, en un beso que parece infinito, sus manos presurosas van hacia sus caderas, que sin querer tocan la piel, piel con piel, en el fervor de los movimientos involuntarios, las manos de ella recorren su espalda, queriendo también sentir su piel pasa sus manos por debajo de la playera, deslizándolas suavemente por su abdomen, por su pecho, así le quita la playera, sin perder el ritmo de las caricias y los besos, la pericia de tal movimiento es sorprendente, que ella no percata el momento en el que tiene sus dos manos por debajo de la blusa sujetándola y conociendo e identificando cada parte de su espalda, los besos de él empiezan bajar a una zona que jamás había conocido, besa entre la zona del pecho y del cuello, sintiendo como ella responde a cada beso, a cada roce de la lengua, siente esa exaltación que le provoca, la respiración acelerándose poco a poco, ella trata de acercarlo más a su cuerpo, queriendo sentir el roce de piel con piel, empezando a besar de hombro a hombro, quiere sentir ese calor que va expulsando cada poro, pasándose atrás de él, besa su nuca, recorre toda su espalda sin dejar un centímetro a salvo de sus labios, él se voltea nuevamente y sin que ella lo espere la lleva al pared sin que ninguno de los dos lo quiera, el ritmo es el que maneja la situación, la besa suavemente mientras es notorio el sudor en sus cuerpos por lo que él con un poco de atrevimiento decide responder el gesto y quitarle la blusa, para lo cual él está sumergido besando el intermedio de sus pechos, se miran fijamente a los ojos, mientras mutuamente se van desabrochando el pantalón uno al otro, esa mirada penetrante, cómplice entre ellos, se queda así hasta que ambos solo poseen sobre su cuerpo la ropa interior, él desiste un poco y regresa acariciar su vientre, su espalda, regresa por la ultima prenda de ropa que falta, el sostén que guarda los últimos secretos de su cuerpo, lo quita mientras le besa los labios y acarician sus lenguas, en el momento que suena clic, él le muerde un poco el labio, el calor de ambos se siente aún más, ahora sí, piel con piel, esa piel que ella empieza a recorrer sin interrupciones, no quiere dejar ningún lugar libre de roces, de caricias, de besos, él la voltea y recorre lentamente su espalda con besos, mientras sus manos acaricia sus pechos, su vientre, su cintura, ella volteándose lo lleva a la cama, y recorre cada parte de su cuerpo observando en cada momento la reacción de él, se queda acostada sobre su cuerpo, sintiendo cada uno la agitación que se han provocado, él la acerca para besarla para proponerle sin hablar un cambio de posiciones, quiere que ella este con la misma cantidad de sensaciones que ella ha provocado en él, empieza lentamente a recorrer su cuerpo con sus manos y con sus labios, se encuentra entre la divergencia de sus pechos o seguir, ante lo cual decide prudentemente seguir recorriendo su cuerpo con sus manos, sin pasar mucho tiempo baja un poco más, y besa su vientre, uno a uno va formando un camino hasta el límite de su cintura y su ropa interior, toca la parte protuberante de su cuerpo izquierdo con su mano, a lo cual ella solo cosquillea, y él muerde su ropa interior como pidiendo autorización, sin embargo ello no responde, roza ligeramente con su mano derecha toda su ropa interior de abajo hacia arriba, ella sin que él lo espere, toma sus manos y le indica que baje su ropa interior, así que no pierde mucho tiempo y busca la forma de quitarle a la par la última prenda que queda sobre él, para por fin, estar ambos, sin nada que se interponga en cada centímetro de su cuerpo en el roce de piel con piel, ella se recuesta nuevamente, llevándolo a él sobre su cuerpo, entrelazando sus piernas a las de él, y dejando en cada beso, la reacción de un movimiento involuntario en cada parte del cuerpo, movimientos que ya solo dejan ver la excitación a la que han llegado, él está al punto límite de excitación, decide besarla, los movimientos de ambos son fuertes e insinuantes, el con sus manos la sostiene de la cintura, la mira fijamente, proponiéndole, terminar lo que los dos habían comenzado, ella lo toma y acepta con la mirada y lo lleva hacia su cuerpo, la parte más femenina y la parte más viril están alineadas, sus respiraciones son incontroladas ya, ambos se dejan llevar por cada sensación, sus movimientos van uniéndolos más y más, logran sentirse el uno al otro sin dejar de besarse, de acariciase, tanto ella como él, sus cuerpos se mueven en un vaivén sin música en un compás sin tiempo donde la respiración marca el ritmo de la excitación de sus cuerpos, juega con su pecho, besa sus labios, recorre su espalda, quiere más de ella quiere sentirla, ella le permite sentir que son uno solo, en un mismo compás de movimientos, el disfruta cada momento y transmite su fuerza a ella, le besa la oreja, con ese acercamiento él puede escuchar en su oído cada gemido que provoca en ella, eso a él lo excita más, cada segundo que pasa es una nueva sensación que el descubre con ella, él sabe que está llegando al límite, ella lo mira, y él sabe que esa mirada es para decirle que no pare, que la deje sentirlo más, queriendo que lleguen al límite juntos, se dejan llevar sin medida, no hace falta que digan nada, ambos empiezan a sentir el uno por el otro que ese momento está llegando, el clímax, termina uno, pero no una historia, él sabe eso, entre gemidos descontrolados de los dos se detienen entre sudor y hormonas por el aire, él se recuesta sobre su pecho con un beso largo y peligroso, se quedan recostados piel con piel esperando el amanecer para otro historia mas.

-Con la colaboración de F. A. ;) 

lunes, 2 de septiembre de 2013

Beso...

Explosión mágica de sensaciones

Que comienza por una mirada

Seduciéndose mutuamente

Van sintiendo sus caricias

El roce de las manos en cada mejilla

Sin palabras, se dicen todo

Con esa complicidad de deseo, entrelazan sus labios

Sincronizandolos, sin necesidad de instrucciones

Parecen tener vida propia

Sentir los pies despegándose del suelo es inevitable

Sólo a eso le puedo llamar un beso.